Despedir a quien amamos deja un vacío profundo en el hogar. El duelo, cuando se vive en compañía, aligera el peso de la ausencia. En este contexto de fe y recogimiento, el novenario es una tradición religiosa católica muy arraigada en Colombia que consiste en orar durante nueve días consecutivos por el descanso eterno del alma de una persona fallecida.
Su nombre proviene de la palabra novena (nueve), y su duración simboliza los nueve meses que el difunto estuvo en el vientre de su madre. Entender esta ceremonia es abrazar su propósito. Cumple dos funciones: la espiritual (interceder por el alma del difunto) y la comunitaria (espacio de duelo colectivo y acompañamiento a la familia).
El consuelo comienza generalmente al día siguiente del entierro o cremación y se extiende durante nueve noches. Históricamente, se hace en la casa del difunto o en un espacio familiar.
Para honrar la memoria, la preparación del espacio requiere elementos cargados de significado:
La constancia de la oración brinda contención emocional. Al reunirse, se sigue una estructura del rezo cada día:
Las palabras compartidas sanan. Hay plegarias que abrazan cada noche. La oración inicial (igual todos los días) es la siguiente:
"Dios mío, Señor de la historia y dueño del ayer y del mañana, en tus manos están las llaves de la vida y la muerte. Señor de la vida y dueño de nuestros destinos, en tus manos depositamos silenciosamente este ser entrañable que se nos fue. Mientras aquí abajo entregamos a la tierra sus despojos transitorios, duerma su alma inmortal para siempre en la paz eterna, en tu seno insondable y amoroso, oh Padre de misericordia.".
A lo largo del encuentro se recita la jaculatoria responsorial:
Para culminar la velada, se pronuncia la oración final (igual todos los días):
"Dios Padre nuestro; Tú sabes la honda pena que nos aflige. Recibe con amor a tu hijo/a (nombre del difunto), que ha dejado desolada nuestra casa para ir a tu eterna morada; y a nosotros, ayúdanos a proseguir con ánimo el camino de nuestra vida, hasta que un día nos reunamos junto a Ti. Que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.".
La palabra de Dios guía el camino de la despedida, utilizando las lecturas de la Arquidiócesis de Bogotá:
El rosario es una parte fundamental de la ceremonia. Los misterios se rezan según el día:
Hay una súplica especial después de cada misterio:
"Dadles, Señor, el descanso eterno. Y brille para ellos la luz perpetua. Padre Eterno, te ofrecemos la Sangre, Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, los dolores de la Santísima Virgen y los de San José, por la remisión de vuestros pecados, la libertad de las Almas del Purgatorio. Amén.".
El noveno día es el más solemne. En esta fecha se recomienda asistir o mandar celebrar una misa por el difunto. Es el instante de mayor paz, donde la familia agradece el acompañamiento y entrega nuevamente el alma del ser querido a Dios. El amor perdura en el tiempo; por eso, al año se acostumbra el cabo de año, una misa o reunión en el primer aniversario del fallecimiento.
Esta devoción está llena de aspectos culturales en Colombia. En comunidades afrodescendientes puede incluir cantos y rituales culturales propios. Asimismo, en muchas regiones se ofrece café, pan o refrigerio al finalizar. Por devoción y respeto a la tradición, los rezos son liderados por una rezandera o rezandero de reconocida devoción. Al final del día, la participación de vecinos y amigos es un gesto de respeto y solidaridad, demostrando que, incluso en la pérdida más dolorosa, el tejido humano y la fe nos sostienen.
Su nombre proviene de la palabra novena (nueve), y su duración simboliza los nueve meses que el difunto estuvo en el vientre de su madre. Entender esta ceremonia es abrazar su propósito. Cumple dos funciones: la espiritual (interceder por el alma del difunto) y la comunitaria (espacio de duelo colectivo y acompañamiento a la familia).
El inicio y la preparación del espacio
El consuelo comienza generalmente al día siguiente del entierro o cremación y se extiende durante nueve noches. Históricamente, se hace en la casa del difunto o en un espacio familiar.
Para honrar la memoria, la preparación del espacio requiere elementos cargados de significado:
- Fotografía del difunto sobre una mesa.
- Una cruz, una vela encendida y flores.
- Una Biblia e imagen religiosa.
- Una persona designada como guía o rezandera(o).
La estructura diaria del rezo
La constancia de la oración brinda contención emocional. Al reunirse, se sigue una estructura del rezo cada día:
- Señal de la Cruz.
- Oración inicial por el difunto.
- Padre Nuestro y Ave María.
- Jaculatoria responsorial por el descanso eterno.
- Lectura bíblica del día.
- Reflexión o meditación.
- Intenciones por el difunto y la familia.
- Oración final.
- Señal de la Cruz para cerrar.
Las oraciones principales
Las palabras compartidas sanan. Hay plegarias que abrazan cada noche. La oración inicial (igual todos los días) es la siguiente:
"Dios mío, Señor de la historia y dueño del ayer y del mañana, en tus manos están las llaves de la vida y la muerte. Señor de la vida y dueño de nuestros destinos, en tus manos depositamos silenciosamente este ser entrañable que se nos fue. Mientras aquí abajo entregamos a la tierra sus despojos transitorios, duerma su alma inmortal para siempre en la paz eterna, en tu seno insondable y amoroso, oh Padre de misericordia.".
A lo largo del encuentro se recita la jaculatoria responsorial:
- Guía: "Dale, Señor, el descanso eterno.".
- Todos: "Y brille para él/ella la luz perpetua.".
Para culminar la velada, se pronuncia la oración final (igual todos los días):
"Dios Padre nuestro; Tú sabes la honda pena que nos aflige. Recibe con amor a tu hijo/a (nombre del difunto), que ha dejado desolada nuestra casa para ir a tu eterna morada; y a nosotros, ayúdanos a proseguir con ánimo el camino de nuestra vida, hasta que un día nos reunamos junto a Ti. Que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.".
Lecturas bíblicas por día
La palabra de Dios guía el camino de la despedida, utilizando las lecturas de la Arquidiócesis de Bogotá:
- Día 1: Resurrección de Lázaro - Juan 11.
- Día 2: El Juicio Final y las Obras de Misericordia - Mateo 25.
- Día 3: El rico Epulón y el pobre Lázaro - Lucas 16..
- Día 4: Oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní.
- Día 5: Pasión y muerte de Jesús.
- Día 6: Resurrección de Jesús.
- Día 7: Las Bienaventuranzas - Mateo 5.
- Día 8: Cartas de San Pablo - 1 Tesalonicenses.
- Día 9: La Jerusalén Celestial - Apocalipsis 21.
El Santo Rosario dentro del novenario
El rosario es una parte fundamental de la ceremonia. Los misterios se rezan según el día:
- Lunes y sábado: Misterios Gozosos.
- Martes y viernes: Misterios Dolorosos.
- Miércoles y domingo: Misterios Gloriosos.
- Jueves: Misterios Luminosos.
Hay una súplica especial después de cada misterio:
"Dadles, Señor, el descanso eterno. Y brille para ellos la luz perpetua. Padre Eterno, te ofrecemos la Sangre, Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, los dolores de la Santísima Virgen y los de San José, por la remisión de vuestros pecados, la libertad de las Almas del Purgatorio. Amén.".
Costumbres y el cierre del ciclo
El noveno día es el más solemne. En esta fecha se recomienda asistir o mandar celebrar una misa por el difunto. Es el instante de mayor paz, donde la familia agradece el acompañamiento y entrega nuevamente el alma del ser querido a Dios. El amor perdura en el tiempo; por eso, al año se acostumbra el cabo de año, una misa o reunión en el primer aniversario del fallecimiento.
Esta devoción está llena de aspectos culturales en Colombia. En comunidades afrodescendientes puede incluir cantos y rituales culturales propios. Asimismo, en muchas regiones se ofrece café, pan o refrigerio al finalizar. Por devoción y respeto a la tradición, los rezos son liderados por una rezandera o rezandero de reconocida devoción. Al final del día, la participación de vecinos y amigos es un gesto de respeto y solidaridad, demostrando que, incluso en la pérdida más dolorosa, el tejido humano y la fe nos sostienen.
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